Conviene saber que no solo enfermamos las personas. También los animales y los objetos enferman. Incluso los edificios.

Sick Building SyndromeSíndrome de Edifico Enfermo no es una paranoia de algunos trabajadores como algunos empresarios han intentado hacernos creer. La Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1984 lo definió como el conjunto de síntomas que provoca un inmueble sobre las personas que viven o trabajan en él y que se generan por contaminación del aire en espacios cerrados. Podemos vivir o trabajar en un edificio enfermo sin saberlo.

El principal factor de riesgo es que la mayoría de espacios son lugares cerrados, con poca o mala ventilación, lo que no permiten que los elementos contaminantes salgan sino que, todo al contrario, son nidos donde habitan y se reproducen los contaminantes. Las partículas que hay en el aire provocan una inflación en nuestras vías respiratorias u nuestros pulmones que no permiten la correcta oxigenación de los pulmones. Según la OMS las enfermedades que podemos sufrir si vivimos o trabajamos en un edificio enfermo son: neumonías, cáncer de pulmón, accidentes cardiovasculares, cardiopatías entre otras muchas.

Se estima que un 30% de los edificios modernos pueden sufrir este síndrome. Bajo la apariencia de edificios modernos, con una estética sofisticada, originales y con un diseño innovador, pueden esconder grandes deficiencias en cuanto a ventilación, fallos en su construcción o una baja calidad de sus materiales. A menudo nos dan gato por liebre; escondidas entre tanto diseño podemos encontrar un montón de patologías nefastas para nuestra salud.

La Confederación Española de Organizaciones empresariales presento un informe donde recoge ampliamente todo lo que debemos saber sobre el síndrome del edificio enfermo.

Cuando hablamos de contaminación solemos en la contaminación ambiental exterior. Y cada año mueren más de 4 millones de personas debido a las enfermedades que sufren sus casas o sus entornos laborales. La contaminación interior es invisible pero puede provocar tanto daño, o más que el humo de los coches en una ciudad. Paradójicamente, la contaminación exterior es bien visible y los gobiernos se encargan, de inmediato, de reducir la velocidad de los automóviles para controlar en índice de contaminación en las grandes ciudades. a cantidad de

Los síntomas más comunes son los nasales (irritación de la nariz, mucosidad abundante, sequedad nasal, congestión, trastorno del olfato o tos), molestias oculares (irritación, cansancio, escozor y enrojecimiento ocular), alteraciones cutáneas y otros (dolores de cabeza, náuseas, vértigos, fatiga mental o somnolencia, dificultades para concentrarse y alergias)

Para saber si trabajamos o vivimos en un edificio enfermo debemos preguntarnos si nos sentimos débiles en el trabajo, si sufrimos, a menudo, dolores de cabeza que nos dificultan la concentración en nuestra tarea o si, cuando llegamos a casa, después del trabajo, las paredes se nos caen encima. Si estos síntomas son puntuales no podremos relacionarlos con un edifico enfermo; es la repetición de cada uno de ellos los que nos pueden poner sobre la pista de la enfermedad de nuestra vivienda o nuestro lugar de trabajo.

La OMS ha establecido particularidades comunes para poder demostrar que padecemos el síndrome del edificio enfermo. Es nuestra responsabilidad ayudar a desenmascáralo.

 

Foto de Dean Hochman en Flickr Creative Commons.